“Holy Motors” la fantasía metacinematográfica de Leos Carax

Por fin hemos tenido la oportunidad de ver “Holy Motors”, la triunfadora de este año en el festival de Sitges y una de las que se posicionan como favorita nuestra a mejor película del año. Un proyecto único salido de la mente del director francés Leos Carax, que ya nos sorprendiera con sus anteriores trabajos “Los amantes del Pont Neuf” (1991) o “Tokyo!” (2008).

Kylie Minogue y Denis Lavant en "Holy Motors"

Kylie Minogue y Denis Lavant en “Holy Motors”

Sin duda una película muy completa, que es difícilmente clasificable porque aúna todos los géneros cinematográficos en la figura de un actor que viaja en su limusina por las calles de París realizando trabajos uno detrás de otro, creando una ilusión muy diferente a todo.

Es increíble la versatilidad de su protagonista, Denis Lavant, que es capaz de interpretar papeles que van desde una vieja mendiga, un actor de motion capture, o su más laureado el Sr. Merde, ese monstruo que cual jorobado de Notre-Dame secuestra a la bella Eva Mendes, para llevarla a las profundidas de la tierra donde será pervertida. Hasta hay guiños al género de animación, al musical propiamente dicho, e incluso al del humor absurdo, no falta ninguno- Y con ello, se hará pensar al espectador en la prostitución del oficio del actor y su futuro en un mundo en constante cambio donde ya necesariamente las cámaras pueden estar en cualquier lugar. Igual que el periodismo se ha convertido en un oficio global donde cualquier instante es propicio de recoger la noticia y cualquier ciudadano puede recogerla con la cámara de su móvil, la actuación puede ser requerida en cualquier momento, haciendo que la línea entre la vida profesional y la privada se haga cada vez más difusa y trascienda a otro nivel.

 Comienza el film sin que el espectador tenga claro el significado de lo que está ocurriendo, y que poco a poco irá comprendiendo, con incertidumbre y repleto de dudas. Una sala de cine en la que entra como en un sueño o quizá una pesadilla el propio director Leos Carax, el cual sale de su dormitorio y se enfrenta a la pantalla donde se reproducen imágenes inconexas. Una especie de metáfora que resume simbólicamente lo que va a ocurrir en las dos horas restantes, ofreciendo al espectador esa experiencia que vive el cine dentro del cine.

Del drama a la comedia, a la aventura, a la escena de acción o al terror, una detrás de otra se suceden con maestría las diferentes escenas saltando de un género a otro. Espectaculares los cameos de actrices como Eva Mendes o Kylie Minogue (a la que ya hacía un guiño con una canción en mitad de la película), que invaden la escena con su belleza,  la primera en una escena de heroína raptada por el monstruo, que culmina en escena erótica, y la segunda haciendo lo que es lo suyo, que es cantar, en una dulce escena donde reta al protagonista en su propio trabajo.

Locura tras locura, que llega a su punto álgido en las escenas finales, que se preguntan donde esta la línea entre la vida privada y la profesional, y dónde se separa la realidad de la ficción, convenciendo al espectador de que lo que han visto es una compleja odisea sin fin, que podría continuar hasta donde llegue la imaginación. Un viaje singular, que comprendemos que conquistara al público del festival de Sitges de este año.

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