Cine alemán de calidad en el biopic sobre “Hannah Arendt”

La película sobre los años en que “Hannah Arendt”, la filósofa judía alemana, se enfrenta al juicio contra el nazi Adolf Eichmann en Jerusalén, es una sorpresa agradable en la cartelera madrileña que, sospechamos, tiene los días contados. Nuestra reseña pretende animar a los lectores a buscar esta película allá donde la encuentren y familiarizarse con el trabajo de una de las pensadoras más importantes del siglo XX si es que todavía no la conocían.

La actriz Barbara Sukowa encarna a la filósofa Hannah Arendt

La actriz Barbara Sukowa encarna a la filósofa Hannah Arendt

La película nos demuestra cómo acontecimientos relevantes en la historia de la humanidad y el pensamiento político y filosófico que intenta explicarlos, pueden ser objeto de una revisión en pantalla llena de atractivo, interés y posterior reflexión para el espectador. El biopic que aquí recomendamos, es sobre todo una biografía del pensamiento de la filósofa, sin desdeñar los acontecimientos históricos y personales que lo influyen, pero centrándose sobre todo en las disquisiciones filosóficas de la protagonista, sus dilemas, dudas y certezas.  La película nos invita a pensar con los acontecimientos, nos vuelve cómplices del trabajo de reflexión de Arendt gracias a la encomiable labor de la actriz que la encarna, el guión y la dirección de este excelente trabajo, a cargo de Margarethe von Trotta, con merecido reconocimiento en los Premios del Cine Alemán.

Hannah Arendt utiliza en los momentos más diacrónicos el documental con imágenes inéditas del proceso al propio Eichmann mezcladas con la ficción del film. El espectador se enfrenta al burócrata Eichmann, a su simplicidad, su mediocridad exenta de todo atractivo. Este recurso es muy útil para que el espectador entienda mejor las ideas más relevantes de Arendt: la peligrosidad del sujeto normal que se niega a pensar por sí mismo, la mediocridad sumisa como medio de extensión del mal socialmente, la carencia de juicio crítico como vía para la ejecución de las mayores aberraciones legales. Contemplamos un Eichmann normal, mediocre, gris y aburrido, muy alejado del psicópata nazi sofisticado de Hollywood. Y no es ficción: son imágenes de archivo. A partir de ahí podemos comprender mejor la radicalidad e importancia de las tesis de la filósofa que se centran en la idea de la banalidad del mal. Un mal no demoníaco y aterrador. Un mal burocrático, rutinario, gris y afuncionariado. Un mal que sigue muy vigente.

La radicalidad de Arendt consiste en pensar sin trabas ni miedo. Algo casi vital para una superviviente como ella. Trata de comprender las bases del mal contemporáneo como vía para tratar de explicar las mayores locuras globales del siglo XX: los totalitarismos, las guerras, las masacres y genocidios. La respuesta es la mediocridad del individuo incapaz de pensar: unfähig zu denken, tal cual afirma la propia autora. Un individuo normativo, normalizado y normal que cumple con los requisitos de la ley dictada por perversa que esta sea. Hanna Arendt además denunció la colaboración de los líderes judíos con el nazismo a través de la entrega de censos y listados de población judía a las autoridades nazis. Este tabú, este colaboracionismo semita con el propio genocidio engrasa aún más la máquina de destrucción masiva nazi, haciendo de los líderes judíos personajes más cercanos a Eichmann de lo que se ha podido hasta hace poco denunciar. De nuevo, la reflexión de la exiliada judía Arendt se apoya en las confesiones de los citados líderes durante el proceso, tal cual nos ofrece el film mediante imágenes documentales.

Tras los avatares que supuso la publicación del libro Eichmann en Jerusalén, Arendt se ve abocada a la incomprensión, los malentendidos, la soledad y el aislamiento. La película refleja de un modo muy sintético y eficaz este periodo en la vida de la filósofa: nos hace pensar en cómo la banalidad del mal es bastante cotidiana y reaparece sin reflexión marginando las ideas más esclarecedoras y brillantes.

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Sorteamos 3 mecheros Zippo de “Cruce de caminos”

Con motivo del  estreno del film “Cruce de caminos” el próximo 6 de septiembre, y gracias a la colaboración de Tripictures y Factoria Interactiva, queremos obsequiar a nuestros lectores con uno de los tres mecheros Zippo que os mostramos a continuación.

Mechero "Cruce de caminos"

Para ello, debéis ser fans de La Niebla – Blog de cine en facebook y mandar un email a concursos@nieblablogdecine.com con vuestro nombre y apellidos, respondiendo a la siguiente pregunta:

¿A quién te gustaría dar fuego con este mechero?

Las respuestas más originales serán las ganadoras y los premiados serán avisados mediante e-mail.

“Cruce de caminos” (The Place Beyond the Pines) es la historia de cuatro hombres y su lucha por superar su sangriento legado, que cuenta con el duelo interpretativo entre Ryan Gosling (Drive) y Bradley Cooper (El lado bueno de las cosas), cerrando el triángulo la bellísima Eva Mendes (Holy Motors). Un drama criminal épico que no dejará a nadie indiferente.

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“Efectos secundarios” de Soderbergh, una reflexión sobre la psiquiatría y la industria farmacéutica

Nos toca hablar en esta ocasión de “Efectos secundarios”, el último estreno en la prolífica carrera del director estadounidense Steven Soderbergh, más en la línea de sus más interesantes análisis de fenómenos sociales como las drogas o la enfermedad (“Traffic”, “Contagio”), y alejándose de su anterior “Magic Mike”, que no acababa de dejar claro su verdadero mensaje, si la defensa de un oficio que puede llegar a ser igual que otro, o el hecho del baile como medio artístico en todas sus facetas, o el mundo de la droga y el alcohol en la noche, o si en definitiva era una mera excusa para que el público femenino (entre otras) disfrutará de hombretones moviendo sus cuerpos serranos. Siempre transmitiendo su habitual ambigüedad, no poniéndose de parte de nadie y con su fotografía.

Jude Law y Roony Mara en "Efectos secuendarios"

Jude Law y Roony Mara en “Efectos secuendarios”

Lo que si comparte con Magic Mike es a su protagonista, Channing Tatum, que se empieza a convertir en uno de los actores de moda, que comparte reparto con (que cada vez nos gusta más) Roony Mara, en el papel de una pareja separada por el tráfico de influencias que servirá de base y de excusa para realizar una crítica de la industria farmacéutica, el abuso en el consumo de medicamentos (especialmente entre la sociedad americana), los efectos secundarios producidos por éstos, las paradojas judiciales en casos de enajenación mental, el papel de los psiquiatras y la “inocencia” de los pacientes.

Una reflexión muy interesante que engancha toda la primera parte de la película, pero que se diluye a mitad de cinta, donde se produce un brusco cambio de género, que no disgusta, pero que desvirtúa un potente mensaje y advertencia a los consumidores de este tipo de medicamentos, alejando la crítica a la industria farmacéutica en todos sus eslabones, en un esfuerzo similar al realizado sobre el mundo de las drogas en “Traffic”, pero que queda mermado al convertirse en una (aun así respetable) película de género negro y crímenes pasionales, un híbrido entre “Las dos caras de la verdad” (1996, Gregory Hoblit) y “Diario de un escándalo” (2006, Richard Eyre).

Sin duda en Europa se lleva este tema de diferente forma, aquí se trata de afrontar un duelo o una decepción de manera natural, sin anestesias psicológicas, lo cual utiliza de excusa el psiquiatra británico interpretado por Jude Law para marcharse a Nueva York, donde está claro que tendrá más éxito recetando Prozac como si habláramos de aspirina. Su camino se cruzará con la también psiquiatra Dra. Siebert, interpretada curiosamente por Catherine Zeta Jones, que habrá utilizado su experiencia en este mundillo para meterse en el papel, tras ser diagnosticada en la vida real un trastorno bipolar de tipo 2, producido (al igual que en el caso de la protagonista del film) por una depresión grave.

Elementos muy variados que hacen del film una propuesta muy digna, que decepcionará a los que busquen una mayor profundidad en el tema, en favor de gustar a una mayor variedad de público, pero que no dejará indiferente a nadie.

Dolor y esperanza en “Amour”, lo último de Haneke

Emmanuelle Riva es Anne en "Amour"

Emmanuelle Riva es Anne en “Amour”

La última película del director austriaco ha optado por una factura más clásica con el fin de sumergir al espectador de una manera más eficaz en el mundo que nos presenta. Esa factura facilita la inmersión en la cotidianidad de una pareja de acomodados jubilados parisinos, de tal manera que el espectador siente como suya esa realidad de zapatillas de estar por casa, desayunos en la cocina, CDs de música clásica y vueltas de un concierto de piano en autobús. Precisamente ese es el único exterior que veremos en toda la historia. Ese exterior, esa última noche en un teatro será el único respiro de aire fresco que tendremos en todo el metraje, la última noche de felicidad plena y tranquila de estos jubilados de pasado artístico y docente exitoso. El último momento en que van a vivir el disfrute de la música en directo, la integración relajada en un acto social en todas sus facultades. Esa misma noche, el insomnio de colores azules inquietantes muy en el estilo de “Caché (Hidden)” (2012) nos va adentrar en otra realidad, en otra pesadilla que se avecina como un presagio. El terror que se inicia, es paulatino, real e imparable como resulta la película. La enfermedad degenerativa que se ha iniciado en la mujer, va a ser el destino último, lento e inexorable de ambos. El terror de Hanecke no precisa buscar de otras entelequias, está aquí, es real y acecha latente en cualquier lugar. Quizá eso sea lo más inquietante de su cine: el acecho oculto, el terror en proceso.

En este caso, es un terror que puede estar comenzando en cualquiera de nosotros, de ahí que el espectador pase de sentirse observador a posible afectado. Uno se siente observando esta película como la protagonista en su última noche lúcida en el concierto. El proceso degenerativo está estudiado, escrito e interpretado con rigor austriaco. E incide en algo aún más inquietante: en su onda expansiva hacia los otros afectados, los familiares que se encargan de llevar cada día semejante drama. La soledad que padece este pareja de jubilados, hasta el punto de perder el sentido del tiempo, es una realidad que expone la película de modo crudo y conciso. Las tragedias nos dejan solos. La frase que el padre le dice a la hija para explicarle por qué no responde al teléfono es una de las más acertadas y definitorias de la actualidad: “Tu inquietud, tu pesar es otra carga más que ya no me merezco llevar”.

Los sutiles momentos de humor, la escena de bronca laboral con la enfermera, son escasas pausas que llevan a la decisión final a favor de la eutanasia. Sin necesidad de subrayar este contenido ideológico, ni de hacer una declaración de intenciones, Haneke presenta el hecho de un modo lacónico y dramático. Las dos escenas finales de la película son de una ambigüedad compleja. La marcha de la casa del marido, ya solo desde hace un tiempo indefinido y degenerado como la propia enfermedad, se abre a múltiples interpretaciones. Y la soledad de Isabelle Huppert, en la casa paterna, con una carga que ella ahora ya sí nunca podrá evitar llevar.

Sin embargo, en todo este entorno dramático, surge un rayo de optimismo y esperanza que es el que lleva a dar título al film. El amor extremo y gratuito que es capaz de llevar a una persona a cargar el peso del sufrimiento de la persona amada, hasta el punto de hacerlo suyo y diluirlo en la medida de la posible, que puede hacer que la soledad de un ser humano no se haga patente en tanto tenga el apoyo de la gente que le rodea, y que la convierta, en definitiva, en una persona afortunada.

Dennis Quaid y su ética literaria en “El ladrón de palabras”

Atenuado por la gran avalancha que ha producido el estreno de “Skyfall” y la onda expansiva que aún mantiene “Lo imposible” también han llegado otros títulos a la cartelera española. Entre ellos, pudimos disfrutar recientemente de “El ladrón de palabras”, una entretenida propuesta basada en el mundo literario actual, de la mano de los directores Brian Klugman y Lee Sternthal, y que cuenta entre sus filas con actores de la talla de Jeremy Irons, el también productor de la cinta Bradley Cooper, y un incombustible Dennis intentando recuperar su fama conseguida en los 80.

Zoe Saldana y Bradley Cooper en "El ladrón de palabras"

Zoe Saldana y Bradley Cooper en “El ladrón de palabras”

El film comienza mostrando un acto de presentación de la última novela del aclamado escritor Clay Hammond, que cuenta la historia de otro novelista que a su vez habla de la historia de un tercer novelista. Vamos, anidamiento de historias unas dentro de otras, con el intento de aprender unos de otros y reflejando en un personajes las miserias que cada uno tiene.

El ritmo es adecuado y conseguirá que el espectador se mantenga inmerso en la historia que, si bien de primeras parece original, según avanza se va convirtiendo en cada vez más previsible y un pelín convencional a ratos, pero con una moraleja que al fin y al cabo es interesante.

Destacan sobre todo las intervenciones de Jeremy Irons, que como los actores de su quinta ya han pasado de actuar como seductores a ocupar los papeles de la tercera edad, pero que el público agradecerá.

Por lo demás, es un reflejo de lo competitivo que resulta el negocio literario, la dicotomía entre el éxito y el trabajo bien hecho, y lo complejo que es hacerse un hueco en la primera línea y convertirse en un escritor de best-sellers. Las dudas de si el éxito depende de un talento innato, o si se consigue a base de trabajo y dedicación, o si realmente las mejores historias vienen de la mano de personas que realmente las han vivido y las han sufrido en sus carnes, antes que de gente acomodada, con los mejores estudios, que se sienta en su escritorio a disertar sobre sus experiencias vitales. Y sobre todo, de la ética.

Adam resucita en la cartelera tras cuatro años de espera

Con cuatro años de retraso llega a las pantallas españolas la cinta del habitual de las películas de Scorsese, el director de Adam Resucitado Paul Schrader. No sabemos si es que les ha costado encontrar una productora en nuestro país o si es una maniobra por reconciliarnos con Alemania en el actual entorno social europeo, el caso es que cualquier excusa es buena para poder encontrarnos con esta pequeña joya que parecía que había quedado condenada al olvido, pero que vuelve a aparecer en escena.

Jeff Goldblum y Willem Dafoe en "Adam resucitado"

Jeff Goldblum y Willem Dafoe en “Adam resucitado”

Si bien el tema judío ya ha sido tratado hasta la saciedad desde diferentes puntos de vista, nacionalidades (Alemania, Polonia, Italia), parece que se ha convertido en la etapa favorita de la historia reciente de Europa, en el film “Adam Resucitado” (2008) se muestra un nuevo punto de vista, que es el que corresponde a los supervivientes del genocidia que, si en principio parece que salen mejor parados, las secuelas debido a las experiencias vividas son tan fuertes que les puede llevar a una absoluta locura, e incluso al ingreso en una sanatorio psiquiátrico, que es lo que le ocurre al personaje principal de la obra, interpretado por un magistral Jeff Goldblum, en uno de sus mejores papeles, ya que despide locura por los cuatro costados.

Willem Dafoe se pone el uniforme para interpretar a ese malo que supera todos los grados de sadismo que se pueden esperar, para interpretar con maestría un personaje que años más tarde le serviría de inspiración, pidiéndole prestado el maquillaje de payaso a Jeff Goldblum, para la operística obra “Vida y muerte de Marina Abramovic”, donde se desenvolvía con gran soltura, demostrando que es uno de los actores más versátiles del panorama actual. Con Shrader ya había trabajado anteriormente en otros trabajos como “La última tentación de Cristo”.

Sin duda lo que más destaca del film es la perfecta ambientación del manicomio donde hasta la enfermera más cuerda (interpretada por la israelí Ayelet Zurer) tiene un elevado grado de locura, más allá de “Alguien voló sobre el nido del cuco” (1975), aquí los distintos personajes se recrean en su propia enfermedad mental, de la cual conocemos su origen a partir de las múltiples secuelas dejadas tras la guerra.

Impecables los flashbacks del pasado, donde el espectador puede sufrir al igual que nuestro protagonista con las múltiples torturas (psicológicas más que físicas) a las que se ve sometido.

Un film cargado de dulzura que alterna el humor con los momentos más dramáticos, que dejará satisfechos a unos y otros les creará un sentimiento de rechazo, pero que no dejará indiferente a nadie.

Pattinson Cronenberg DeLillo… Cosmópolis

Pattinson Cronenberg DeLillo… Así cita la campaña de Cosmópolis en todos los carteles que hay por las calles madrileñas, dando un merecido reconocimiento al triángulo (casi equilátero) que conforma la base de Cosmópolis, ya que sin alguno de los vértices hubiera salido un resultado tan redondo. Eso sí, a esos tres deberíamos sumar los nombres de Morton, Giamatti y Binoche, actores bien conocidos que ponen su granito de arena a un texto perfectamente fiel a la novela original.

"Cosmópolis" de David Cronenberg
“Cosmópolis” de David Cronenberg

Hace ya unos meses tuvimos la oportunidad de disfrutar de Cosmópolis (2012), la última obra del cineasta canadiense David Cronenberg, que replantea nuevamente los cimientos de la sociedad en la que vivimos que enfrenta el cinismo de unos pocos al completo desespero de la mayoría.

“He leído un poema en el que una rata se convierte en moneda del curso legal”, de una manera tan poética comienza el film con palabras de Zbigniew Herbert, un poeta polaco superviviente de las dos guerras mundiales.

El texto del film es perfectamente fiel a la novel de DeLillo, las frases son prácticamente calcadas del original, en esta obra visionaria, que presuponía el fin de la sociedad actual y la decadencia del capitalismo. De una forma casi posapocalíptica pronosticaba las revueltas ciudadanas sin dar con claridad su brazo a torcer en favor de unos o de otros, siempre destacando el carácter psicopático de su protagonista, un caprichoso broker que recorre las calles en su limusina sin otro objetivo que conseguir que su peluquero favorito le corte el pelo.

La reivindicación de la capacidad artística del actor Robert Pattinson, capaz de moverse en otros registros distintos a la juventud vampírica y meterse en la piel de este joven adinerado, que se encuentra arropado por una colección de secundarios de lujo como son Juliette Binoche, Samantha Morton o Paul Giamatti, que facilitarán su trabajo y con los que compartirá verdaderas reflexiones filosóficas sobre la vida, el placer, el amor, enfréntandonos a la pregunta de, una vez conseguido todo en la vida, ¿y ahora qué?

Un film para ver al menos una segunda vez para reflexionar sobre las palabras, disfrutar los múltiples planos de un escenario único y reducido como es la limusina, que se convierte en esa cárcel dorada de la que nadie puede escapar, un mundo de lujo pero a la vez una trampa mortal para su prisionero. Hago especial hincapié a la banda sonora, intimista y angustiosa, que ayudará a que el espectador se sienta también encarcelado.

Sin duda de rabiosa actualidad y con el mejor Cronenberg que no necesita inventar nada, ya que la potencia del texto ya es suficiente como para que cada diálogo llene el espacio por completo. No se la pierdan.

Esperanzas para la madurez en “Si de verdad quieres”

El príncipe descubre que Cenicienta es la dueña del zapato, se casan y son felices y comen perdices… esa es la parte de la historia que nos han contado siempre, pero, ¿qué pasa 30 años después? ¿Ese fuego que encendió en sus corazones aquel baile de gala sigue ahí? ¿o hay que buscar nuevas formas de avivar la llama? Esas preguntas son las que trata resolver David Frankel, el director de “El diablo viste de Prada” (2006), en su nuevo film “Si de verdad quieres” (2012) con Meryl Streep y Tommy Lee Jones como protagonistas.

Meryl Streep y Tommy Lee Jones en "Si de verdad quieres"

Meryl Streep y Tommy Lee Jones en “Si de verdad quieres”

Un matrimonio que duerme en dormitorios separados (eso no lo había visto nunca, ¿será una costumbre americana?) ha superado todas las etapas, tras la maternidad y la independencia de los hijos, y ha llegado a un momento de estancamiento total. La mujer se empieza a cansar de la monotonía habitual cuando empieza a notar la ausencia de sexo, apreciación y cariño por parte de su marido.

Se vende como una comedia, pero la verdad es que son más frecuentes los tintes dramáticos que los momentos en que de verdad el público suelta una carcajada. Especialmente algún joven pueda sentirse cohibido en alguna escena, y eso que ninguno de los miembros del reparto muestra su desnudez.

Nuevamente repite con el director la mujer de las mil caras, Meryl Streep, que tras sumar recientemente otro Óscar a su colección por “La dama de hierro” (2011), se transforma en un ama de casa en su madurez, en un papel menos sofisticada que el de directora de revista de moda, pero en el que encaja como si hubiera sido diseñado para ella. Resulta absolutamente creíble, y nos hace. Y Meryl Streep comparte papel con Tommy Lee Jones, un actor que ya se ha acostumbrado a realizar papeles de hombre maduro, le tuvieron que rejuvenecer en “Men in Black 3” (2011) en forma de Josh Brolin para que su personaje pudiera entrar en escenas de acción, pero se le sigue dando bien hacer papeles de viejo cascarrabias. Completa el trío, el actor cómico Steve Carrell, que se encuentra mucho más comedido en el film, y se limita al entrañable psiquiatra que arregla parejas en estado de extinción, sin quedar muy claro si lo hace porque le gusta, o porque lo que le gusta más bien es el dinero.

El film trata un tema que es un tabú en la sociedad, lo cual nos parece admirable, especialmente para una generación que ha sufrido una represión sexual fuerte. Quizá no me guste el hecho de que se dé tanta importancia al sexo en estado puro, el psicoanalista parece obsesionado con el hecho de que tengan que realizar el coito o al menos prácticas equivalentes, cuando me parece perfectamente lícito que tras tanto tiempo juntos el sexo haya sido sustituido por otra serie de cosas que forman parte de la madurez de la pareja y que son igualmente positivos. Pero, por otro lado, bien es cierto que es una necesidad que el público sea consciente de que el sexo es sano y que es independiente de la belleza o la edad de la persona que lo practique. Eso sí, me parece un poco exagerado que la terapia consista en mandarles a practicar felaciones en lugares públicos… ¡espero no encontrármelos nunca en el cine!

Un tema interesante y podríamos decir que necesario, pero un desarrollo excesivamente lento y sosegado, con abuso en la banda sonora de temas ligeramente obvios y metidos con calzador, que distraen la atención del espectador y le dan un clímax de película comercial, alejándolo de lo que podría ser una historia dramática como la que comentábamos tiempo atrás en “Tres veces 20 años” (2012) de Julie Gavras, una película de temática similar y que invitamos al lector a revisitar.

Recomendable para las parejas que se encuentren en una situación similar, que se convenzan de que hay un camino que seguir, y para las que teman llegar a esa situación, que vean que no se acaba el mundo. Como dice Elisabeth Sue en el film: “Que levante la mano el que no haya tenido sexo últimamente”.