“Efectos secundarios” de Soderbergh, una reflexión sobre la psiquiatría y la industria farmacéutica

Nos toca hablar en esta ocasión de “Efectos secundarios”, el último estreno en la prolífica carrera del director estadounidense Steven Soderbergh, más en la línea de sus más interesantes análisis de fenómenos sociales como las drogas o la enfermedad (“Traffic”, “Contagio”), y alejándose de su anterior “Magic Mike”, que no acababa de dejar claro su verdadero mensaje, si la defensa de un oficio que puede llegar a ser igual que otro, o el hecho del baile como medio artístico en todas sus facetas, o el mundo de la droga y el alcohol en la noche, o si en definitiva era una mera excusa para que el público femenino (entre otras) disfrutará de hombretones moviendo sus cuerpos serranos. Siempre transmitiendo su habitual ambigüedad, no poniéndose de parte de nadie y con su fotografía.

Jude Law y Roony Mara en "Efectos secuendarios"

Jude Law y Roony Mara en “Efectos secuendarios”

Lo que si comparte con Magic Mike es a su protagonista, Channing Tatum, que se empieza a convertir en uno de los actores de moda, que comparte reparto con (que cada vez nos gusta más) Roony Mara, en el papel de una pareja separada por el tráfico de influencias que servirá de base y de excusa para realizar una crítica de la industria farmacéutica, el abuso en el consumo de medicamentos (especialmente entre la sociedad americana), los efectos secundarios producidos por éstos, las paradojas judiciales en casos de enajenación mental, el papel de los psiquiatras y la “inocencia” de los pacientes.

Una reflexión muy interesante que engancha toda la primera parte de la película, pero que se diluye a mitad de cinta, donde se produce un brusco cambio de género, que no disgusta, pero que desvirtúa un potente mensaje y advertencia a los consumidores de este tipo de medicamentos, alejando la crítica a la industria farmacéutica en todos sus eslabones, en un esfuerzo similar al realizado sobre el mundo de las drogas en “Traffic”, pero que queda mermado al convertirse en una (aun así respetable) película de género negro y crímenes pasionales, un híbrido entre “Las dos caras de la verdad” (1996, Gregory Hoblit) y “Diario de un escándalo” (2006, Richard Eyre).

Sin duda en Europa se lleva este tema de diferente forma, aquí se trata de afrontar un duelo o una decepción de manera natural, sin anestesias psicológicas, lo cual utiliza de excusa el psiquiatra británico interpretado por Jude Law para marcharse a Nueva York, donde está claro que tendrá más éxito recetando Prozac como si habláramos de aspirina. Su camino se cruzará con la también psiquiatra Dra. Siebert, interpretada curiosamente por Catherine Zeta Jones, que habrá utilizado su experiencia en este mundillo para meterse en el papel, tras ser diagnosticada en la vida real un trastorno bipolar de tipo 2, producido (al igual que en el caso de la protagonista del film) por una depresión grave.

Elementos muy variados que hacen del film una propuesta muy digna, que decepcionará a los que busquen una mayor profundidad en el tema, en favor de gustar a una mayor variedad de público, pero que no dejará indiferente a nadie.