Un cerdo, un gallo y un ratón son los “Amigos para siempre”

Llega a las pantallas españolas una coproducción europea para los más peques, el film “Amigos para siempre”, inspirado en la colección de libros de preescolar del alemán Helme Heine, quien a su vez guionista.

Los tres "Amigos para siempre" emulando a E.T. en su bibicleta

Los tres “Amigos para siempre” emulando a E.T. en su bibicleta

En España ha contado con el esfuerzo de los cines Verdi (entre otros) por acercar a los chiquitillos de la casa al séptimo arte, para que aprendan a vivir y a sentir las emociones que transmiten los personajes que prácticamente de la pantalla, que en este caso serán un cerdo, un gallo y un ratón, que deberán rescatar a la oveja Nube de que sea devorada por un malvado lobo, que se la quiere comer en un festín celebrado con motivo de su último cumpleaños.

Un humor sencillo y entrañable que divertirá a niños de edades por debajo de los doce años, en una historia que huye de todo tipo de violencia y maldad, en la línea de los cuentos tradicionales, y que transmite los valores de la amistad, la aventura, la valentía personal y el riesgo.

“Invasor” de Daniel Calparsoro

Ya se acerca el fin de semana y entre los estrenos nos llega a la cartelera española una de acción de elevado presupuesto (especialmente para como están las cosas en este país). Se trata de “Invasor”, el último film de Daniel Calparsoro, y de manos del equipo de producción de la exitosa “Celda 211” y con un reparto de lujo, que cuenta con Alberto Ammann, el pluriempleado Antonio de la Torre, en el papel femenino Inma Cuesta y como agente del estado corrupto tenemos a Karra Elejalde. El guión se inspira en la novela homónima de Fernando Marías, ganador del Premio Dulce Chacón de Narrativa en 2004.

Alberto Ammann en "Invasor"

Alberto Ammann en “Invasor”

El argumento se sitúa en la guerra de Irak, donde sus protagonistas, dos soldados que realizan acción huminataria, sobreviven a un atentado por una bomba trampa, que les lleva a una trama donde se ven obligados a matar en defensa propia a gentes inocentes. El gobierno de nuestro país, en colaboración con los american tratarán de ocultar todo rastro y prueba de lo ocurrido, ya que la realidad no se debe saber de ninguna forma.

De vuelta en España, Pablo (Alberto Ammann) no parará de dar vueltas y sentirá remordimientos por lo ocurrido, e intentará llegar a los medios para que se sepa la verdad y se tomen medidas, creando una serie de escenas de acción sucesivas, que convertirán el film en un intento de reproducir grandes películas de acción a lo James Bond o la saga de Bourne. En ocasiones resultará totalmente creíble, y el espectador se sentirá viendo una película de Jerry Bruckheimer, con persecuciones en coche o barco, rodadas desde helicópteros y a un ritmo trepidante. La diferencia (que es lo que más choca) es que los personajes no corren por las calles de Nueva York o Los Ángeles, sino por las de A Coruña.

Siempre me pregunto por qué se fuerza a que el cine español tenga que ser una mera reproducción cañí del cine americano, y por qué cuando se consigue un resultado similar al de una película americana (por muy comercial que sea su argumento), se la atiborra de premios, como ocurrió con “Celda 211” o “No habrá paz para los malvados”, films que si fueran americanos hubieran pasado desapercibidos en la cartelera. ¿No se puede hacer un producto patrio con estilo personal? Ah, sí, que aún nos queda Almodóvar… menos mal! Ya me había preocupado.

A pesar de todo, la película resulta muy entretenida y gustará a los amantes del género de acción, y tiene un final que merece mención, y que ciertamente no podría corresponder a una película americana, y que rompe todos los esquemas del desarrollo, y del concepto que tenemos de héroe, y que no deja de ser una crítica de como se acaban haciendo las cosas en este país, y como al final pagan justos por pecadores.

Ah, y por si tuviera alguna duda las escenas de Oriente Medio están rodadas en Canarias, precioso y singular paisaje, versátil donde los haya.

Dennis Quaid y su ética literaria en “El ladrón de palabras”

Atenuado por la gran avalancha que ha producido el estreno de “Skyfall” y la onda expansiva que aún mantiene “Lo imposible” también han llegado otros títulos a la cartelera española. Entre ellos, pudimos disfrutar recientemente de “El ladrón de palabras”, una entretenida propuesta basada en el mundo literario actual, de la mano de los directores Brian Klugman y Lee Sternthal, y que cuenta entre sus filas con actores de la talla de Jeremy Irons, el también productor de la cinta Bradley Cooper, y un incombustible Dennis intentando recuperar su fama conseguida en los 80.

Zoe Saldana y Bradley Cooper en "El ladrón de palabras"

Zoe Saldana y Bradley Cooper en “El ladrón de palabras”

El film comienza mostrando un acto de presentación de la última novela del aclamado escritor Clay Hammond, que cuenta la historia de otro novelista que a su vez habla de la historia de un tercer novelista. Vamos, anidamiento de historias unas dentro de otras, con el intento de aprender unos de otros y reflejando en un personajes las miserias que cada uno tiene.

El ritmo es adecuado y conseguirá que el espectador se mantenga inmerso en la historia que, si bien de primeras parece original, según avanza se va convirtiendo en cada vez más previsible y un pelín convencional a ratos, pero con una moraleja que al fin y al cabo es interesante.

Destacan sobre todo las intervenciones de Jeremy Irons, que como los actores de su quinta ya han pasado de actuar como seductores a ocupar los papeles de la tercera edad, pero que el público agradecerá.

Por lo demás, es un reflejo de lo competitivo que resulta el negocio literario, la dicotomía entre el éxito y el trabajo bien hecho, y lo complejo que es hacerse un hueco en la primera línea y convertirse en un escritor de best-sellers. Las dudas de si el éxito depende de un talento innato, o si se consigue a base de trabajo y dedicación, o si realmente las mejores historias vienen de la mano de personas que realmente las han vivido y las han sufrido en sus carnes, antes que de gente acomodada, con los mejores estudios, que se sienta en su escritorio a disertar sobre sus experiencias vitales. Y sobre todo, de la ética.

James Bond vuelve a “Skyfall”

Se estrena esta semana la nueva entrega de James Bond, dirigida en este caso por un director de renombre de la talla de Sam Mendes, que ya destacó por films como “”American Beauty” (1999) o “Revolutionary Road” (2008). Daniel Craig repite como Bond, demostrando que el papel parece diseñado para el actor, Judi Dench como M, y Ralph Fiennes (viejo conocido del director) se incorpora y le veremos seguramente en próximas entregas. Como novedad tenemos a Javier Bardem haciendo del malo malísimo. Un cóctel mezclado pero no agitado que hará las delicias de los espectadores seguidores de las películas del espía creado por Ian Fleming.

Daniel Craig vuelve a ser Bond en "Skyfall"

Daniel Craig vuelve a ser Bond en “Skyfall”

Se cumplen 50 años del personaje de James Bond y la saga sigue atrayendo público a las salas. El problema de una saga cinematográfica reside en la dicotomía entre seguir los esquemas habituales que el espectador espera o introducir nuevas variaciones que hagan el producto más atractivo y hagan que la historia avance.

En el caso de “Skyfall” observamos un poco de las dos tendencias, en la primera parte veremos escenas de acción con trepidantes persecuciones en ciudades de interés turístico y pintoresco como Estambul o Sanghai. Así, encontraremos motos por encima de los tejados con la mezquita de Suleimán de fondo o al espía colgado de un ascensor subiendo por uno de los mayores rascacielos del mundo. Todo ello acompañado del escaparate habitual de lujo y elitismo que rodea al personaje de James Bond.

La segunda parte del film, coincidiendo con la aparición del personaje de Javier Bardem resulta más innovadora, y se juntan las temáticas que persiguen a su director Sam Mendes, entre ellas la obsolescencia de sus protagonistas alcanzada ya una determinada edad, y en sí del oficio, quedando patente el desfase que supone el negocio del espionaje, que poco sentido tiene en el mundo de las nuevas tecnologías donde la inteligencia de las nuevas generaciones debe sustituir a las viejas glorias.

Sin duda, lo más destacable del film es el personaje de Silva, interpretado por un magnífico Javier Bardem, un vengativo ex-agente al servicio de su majestad que sorprende por su ambigüedad sexual, con escenas de verdadera tensión sexual con James Bond, novedosas en el género.

La crisis llega también al espionaje y los “gadgets” que suponían el avance de la ciencia, se quedan reducidos a la mínima expresión, el espectador quedará decepcionado pensando: “pues vaya, eso lo tengo yo en casa también”.

Una de los mejores entregas que se han realizado en los últimos tiempos, a años luz de proyectos con peor resultado como “Muere otro día” o “El mañana nunca muere” (1997), que llenarán al espectador con algo más que unas cuantas escenas de acción superproducidas, gracias a una intriga bien creada.