El legado de Bourne (aunque sin Bourne), la saga continúa

Pensábamos que la saga de Bourne llegaría a su fin cuando su protagonista Matt Damon no prolongara el contrato una vez más. Pero se ve que la Universal no está dispuesta a matar a su gallina de los huevos de oro de los últimos años, y continúa la saga sustituyendo a su protagonista por Jeremy Renner uno de los actores de moda, especialmente después de participar en el blockbuster veraniego del año “Los vengadores” (2012), en el que daba vida a Ojo de Halcón, aunque ya le hubiéramos visto anteriormente en la oscarizoda “En tierra hostil” (2008).

Jeremy Renner en "El legado de Bourne"

Jeremy Renner en “El legado de Bourne”

A pesar de ello, la película se sostiene, aunque son constantes los esfuerzos por justificar el cambio en el protagonista, ya que en varias ocasiones aparecen referencias al auténtico Jason Bourne e incluso se llega a ver la foto de Matt Damon extraido de algún archivo del pasado. En una entrevista, su director Tony Gilroy (también responsable de los anteriores guiones de la saga), prometía que cualquier nuevo espectador podría seguir la saga sin necesidad de haber visto las anteriores entregas, pero aun así para comprender la trama es necesario conocer la historia de lo ocurrido y así entender de dónde sale este personaje en el que se centra la nueva trama.

Mucha acción, tiros, persecuciones y paisajes exóticos que dan al film un ritmo vertiginoso que recuerda a films ochenteros como “Dos pájaros a tiro” (1990), o a otras sagas como “Resident Evil”, cuya protagonista (afectada igualmente de una mutación vírica) también acababa en una zona aislada al comienzo de su tercera entrega. Un ritmo propio de videojuego donde breves retazos tratan de explicar el hilo de la historia para justificar las diferentes escenas de acción.

Muy destacable la actuación de una guapísima Rachel Weisz, que interpreta a la intrépida científica experta en medicamentos, superviviente de una matanza al estilo Columbine (y más recientemente en Noruega o Colorado), sin duda la escena más memorable del film, donde el espectador se pone en la piel de una de esas víctimas, que se enfrenta a un enemigo cuyo objetivo es acabar con su vida, sin importar en gran medida el porqué de su actuación, y que ha reabierto nuevamente el debate sobre la posesión de armas en EE.UU. Unos minutos escalofriantes en que el espectador se agarrará a su butaca.

No queda igual parado Edward Norton (uno de nuestros favoritos) con una sosa actuación, que le deja relegado a un segundo plano, interpretando un personaje que no sale de la habitación en la que se encuentra prácticamente el la totalidad de la película. Vamos, que no está el panorama para rechazar papeles de éxito asegurado.

En conclusión, una película entretenida, con bellos paisajes que muestran diferentes partes del mundo, que acercarán al espectador a este universo (cada vez más parecido al de James Bond), sin obligarle a que se coma demasiado la cabeza, salvo en esas conversaciones sobre química, que podrá sencillamente obviar, para volver a encontrarse con una nueva huida o tiroteo. Para amantes del cine de acción en estado puro.

Stewie Griffin cobra vida en forma del “adorable” oso de peluche Ted

Tras el éxito de la serie de animación “Padre de familia” (Family Guy), su creador Seth MacFarlane da el salto de la pequeña a la gran pantalla, con la divertida y descabellada comedia “Ted” (2012), en la que sustituye al irónico bebé de la serie Stewie por un oso de peluche adicto a la pipa de marihuana y que guarda el mismo humor sarcástico que su análogo televisivo.

Ted rodeado de algunas amigas

Ted rodeado de algunas amigas

Como si de un cuento de hadas navideño se tratara con narrador y todo, nos llega el último taquillazo en EE.UU. El film da comienzo contando la enternecedora infancia de John, ese pobre desgraciado niño sin amigos que desearía tener un amigo de verdad que le acompañe por el resto de su existencia. Para cumplir su deseo cobrará vida el cariñoso oso de peluche Ted, cuya voz cambiará rápidamente de la dulce vez de osito a la voz del propio MacFarlane. Quizá se podría tomar como un cierto homenaje a la relación que se establecía entre Haley Joel Osment y su osito en “Inteligencia Artificial” (2003) de Steven Spielberg, pero sustituyendo la conciencia de Pepito Grillo por, más bien, todo lo contrario.

Años más tarde, John ha crecido y ya no tiene esa vida tan compleja, tiene un trabajo poco agradecido en una empresa de alquiler de coches, y reparte el tiempo entre Ted y su preciosa novia Lori, interpretada por la ucranina Mila Kunis (la fantasía sexual de Natalie Portman en “Cisne negro” (2011)). Pero las insólitas ideas del osito Ted le lleven a que este triángulo amoroso sea insostenible y le surgirá el terrible dilema de elegir entre su novia o su mejor amigo, ya que tres no dejan de ser multitud. En esta parte es inevitable de acordarse de aquella comedia de 2006 “Tú, yo y ahora Duprée”, cuyo argumento era ciertamente similar.

En el fondo la trama no deja de ser una excusa para reflejar una sociedad americana infantilizada, repleta de jovenes varones peterpanes que se niegan a crecer y buscan esconderse tras su osito de peluche, entre los que se incluye el propio MacFarlane. Aun así sorprende la increíble madurez que demuestra John en todo momento en su relación amorosa con Lori, basada en el respeto y el apoyo mutuo, que no acaba de cuadrar con su excesiva inmadurez e irresponsabilidad en el campo laboral y fiestero, que le lleva a cometer todo tipo de locuras.

Además, sorprende el hecho de que todos los personajes femeninos del film sean interpretados por auténticas chicas playboy tremendamente siliconadas, incluida su protagonista femenina y sobre todo sus discretas compañeras de trabajo, dirigido descaradamente a satisfacer al público masculino, que es compensado únicamente con un hipermusculado Mark Wahlberg, que agradará al resto del público. En definitiva, mezcla perfecta para atraer a todo tipo de audiencias.

Guiños constantes a frikeríos de los 80, con los que los espectadores de la quinta de MacFarlane se sentirán identificados, como la parodia de los extras de los dvd’s de “Cheers”, “Top Gun” (1986), “Oficial y cabellero” (1982) o las referencias a aquella película con BSO de Queen y efectos especiales innovadores para la época “Flash Gordon” (1980), incluido el del propio protagonista, Sam Jones, ídolo personal de Mark Wahlberg en el film, de carácter surrealista ya que este introducirá en el mundo de la cocaína a nuestros protagonistas, y que solo es comparable al inolvidable cameo de David Hasselhoff en la película de Bob Esponja (200x). Pero Sam Jones no es el único cameo de famoso que aparece en la película, ya habituales en la obra de MacFarlane, se suman a la plantilla las intervenciones de la cantante Norah Jones, el actor Ryan Reynolds mostrando su lado más gay, el también ídolo ochentero Tom Skerrit o la narración del trekkie Patrick Stewart.

En definitiva una comedia cargada de un humor surrealista, guarro (en ocasiones excesivo), irreverente y absurdo, que hace soltar alguna carcajada por lo insólito y políticamente incorrecto de las situaciones, ¿o es que acaso no puede tener relaciones sexuales un oso de peluche?